El delegado especial del Estado para la Zona Franca de Cádiz, Francisco González, destaca el valor estratégico, ambiental y económico de este ecosistema único
Las salinas y esteros de la Bahía de Cádiz no son solo parte de un paisaje reconocible ni un recurso económico más: son un sistema vivo de valor excepcional cuya preservación define, en gran medida, nuestro futuro. Su declaracióncomo Parque Natural en 1989, su inclusión en la Red Natura 2000, la denominación ZEPA y su presencia en el Inventario RAMSAR son el reconocimiento de un patrimonio ecológico de primer orden con relevancia internacional.
Hablamos de uno de los grandes humedales costeros del sur de Europa, donde la práctica totalidad de su superficie pertenece al dominio público marítimo-terrestre. Esto, lejos de ser una limitación, ha permitido la pervivencia de un entramado único de esteros y salinas que, desde hace siglos, sostiene una economía profundamente ligada al territorio. La sal marina, la acuicultura y, más recientemente, el turismo de naturaleza configuran una auténtica economíaazul que genera empleo y proyecta una imagen diferenciada de la Bahía gaditana respecto a otros territorios.
Pero la Bahía de Cádiz no es solo naturaleza. Es también un espacio urbano complejo y dinámico, conformado por un área metropolitana con más de cuatrocientos mil habitantes. Cádiz, San Fernando, Chiclana, Puerto Real o El Puerto de Santa María son municipios que comparten una relación íntima con el mar y sus salinas como espacios de convivencia y bienestar para la ciudadanía.
Sin embargo, este equilibrio es cada vez más frágil. El cambio climático y la previsible subida del nivel del mar amenazan con alterar de forma significativa este ecosistema, un desafío que exige anticipación y respuestas coordinadas.
Afortunadamente, la Bahía de Cádiz cuenta con un capital científico y tecnológico de primer nivel. La Universidad de Cádiz, con el Campus de Excelencia Internacional del Mar (CEIMAR) o el Instituto de Ciencias Marinas ICMAN-CSIC, constituye un pilar fundamental en la generación de conocimiento. Se unen el Centro Tecnológico de Acuicultura de Andalucía (CTAQUA) o iniciativas como INCUBAZUL- BLUECORE de la Zona Franca gaditana, que dinamizan el tejido empresarial e impulsan la innovación en sectores estratégicos vinculados al medio marino.
Este potencial debe alinearse con las políticas públicas en marcha. Actualmente, el Ministerio para la Transición Ecológica trabaja en el ‘Plan Nacional de Restauración de la Naturaleza’, mientras que la Junta de Andalucía impulsa el ‘Plan Andaluz de Humedales Horizonte 2030’. Ambos son una oportunidad histórica para situar a la Bahía en el centro de las estrategias de adaptación frente al cambio climático.
No es suficiente. Es imprescindible dar un paso más. Hay que reclamar la implementación de un ‘Plan de Acción específico para la Bahía de Cádiz’ que aúne el liderazgo dela administración estatal y autonómica con la implicación activa de la administración local, las instituciones científicas, el tejido empresarial y la sociedad civil.
Este Plan, como reivindica la recientemente creada plataforma “Alianza Bahía Azul”, debe abordar de manera integral la restauración de las marismas, la defensa del humedal frente a la subida del mar y la mejora de las condiciones para el desarrollo sostenible de las salinas, junto con otros sectores compatibles como la biotecnología marina o las energías renovables.
Proteger la Bahía de Cádiz no es una opción; es una responsabilidad compartida. Porque, en última instancia, preservar este humedal es proteger nuestra historia, nuestro presente y, sobre todo, nuestro futuro.